La casa de Bernarda Alba.

Recuerdo haber recitado de memoria alguna poesía suya en la escuela primaria, haber leído “Yerma” para literatura en el secundario y haber comprado “Poeta en Nueva York” en la feria del libro de Bs. As. Recuerdo la placa del Hotel Castelar sobre Av. de Mayo que conmemora los 6 meses que el poeta vivió ahí.

Federico García Lorca es parte del inconsciente colectivo cultural de la Buenos Aires donde crecí. Por eso me inquieto ver la puesta que la academia de artes escénicas Israeli estrenaba en el  teatro Tzavta de Tel Aviv y en hebreo obviamente.

También hubo un condimento extra que creo le hubiese encantado decantar hasta la mismo Lorca. El personaje de Bernarda estaría interpretado por un actor árabe-israelí, Mohamed Bakri quien ganara el premio al mejor actor en el BAFICI 2005, y que esta siendo boicoteado por una organización sionista de derecha por haber producido una película donde trataba de criminales de guerra a soldados israelíes durante la operación “plomo fundido” en Jenin. La película fue prohibida por el ente regulador del cine en Israel y Barkri apelo ante la suprema corte que fallo a su favor. La película se llama “Jenin, Jenin”.

La derecha siempre la misma derecha, intentar boicotear un actor justo en un icono sobre la opresión y la libertad que es “La casa de Bernarda Alba”.

EL primer acierto de la obra es el dejar fluir sin inconvenientes el matiz español  de la misma. No hay intenciones de internacionalizarla o atemporarla  el director la lleva hacia los lugares que un Israelí puede asimilar para encontrar el entorno adecuado para la representación del conflicto y su translación a nuestro entorno, a nuestro propio conflicto de opresión y libertad.

Bakari contruye una  Bernarda que ejerce su fuerza desde lo físico (Bakri debe medir dos metros), la masculinidad no se oculta bajo el vestido negro sino que se presenta como un rasgo de poder tangible, de facto. No solo hay una opresión moral o psicológica también hay un “ejercito” de músculos  que impide, atemoriza y obliga.

SI bien es una obra con un actor consagrado como protagonista, el resto de las actrices son estudiantes de conservatorio y aquí es donde el director se lleva los palmares. El timing de la obra es perfecto y un texto largo como este se naturaliza sin inquietarse. Cada frase y cada movimiento esta marcada con la precisión  de la tensión necesaria para ir desgranando los personajes y la historia.

La propuesta de una metafora local a una obra ya clasica sin salirse de los cannones de la misma  no defrauda en lo ideologico a la obra misma ni a su autor  y una puesta bien trabajada por actores y director reconforta en lo artistico.

Link relacionado: critica de la obra en Haaretz (ingles)

 

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